Cada año miles de peregrinos acuden, llevados por su devoción a la Basílica de Nuestra Señora de la Candelaria que lleva su nombre, si bien la antigua imagen se perdió durante un temporal en el siglo XIX. La unión de la cultura guanche y la cultura castellana instaurada tras la conquista de Tenerife se hace patente en los monumentos que pueblan Candelaria, especialmente en las estatuas de bronce de los menceyes guanches que se encuentran en la Plaza de la Patrona de Canarias.